Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia

Gente en la calle debajo de la una bandera del arco irisArgentina reconoce la igualdad en dignidad y derechos de todas las personas independientemente de su orientación sexual, identidad o expresión de género, lo que nos ubica entre los países a la vanguardia en el reconocimiento de los derechos humanos de la población LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex).

La igualdad jurídica conquistada en los últimos años, consagrada a través de la sanción de las leyes de Matrimonio Igualitario, Identidad de Género, DNU 1006 – que permite el reconocimiento legal de los hijos e hijas de familias comaternales nacidos antes de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario -, además de un gran avance jurídico constituyen un gran avance social para toda la sociedad Argentina que crece ampliando derechos e integrando a sus ciudadanos y ciudadanas en igualdad.

Así mismo, durante este proceso de construcción de igualdad, en nuestro país, también comenzó a desarrollarse un camino paulatino en el cual se fueron eliminando de los Códigos Contravencionales y de Faltas de todas las provincias los artículos que de manera directa criminalizaban la homosexualidad y el travestismo. Aunque en algunas provincias se siguen utilizando otros artículos con figuras abiertas que continúan vulnerando derechos de la población LGTBI en general y de la población trans, que se encuentra en situación de prostitución, en particular.

En la actualidad, aun con este histórico avance normativo, existe una asimetría entre el marco legal igualitario y las prácticas sociales que reproducen discursos y conductas discriminatorias hacia la diversidad sexual y de género que están asentados sobre prejuicios muy arraigados en nuestras sociedades.

Desde esos prejuicios se sigue promoviendo una relación jerárquica entre las distintas identidades sexuales, donde la heterosexualidad esta situada en el nivel más alto de la valoración social mientras que las identidades sexuales diversas ocupan un lugar subalterno. Así la heterosexualidad se presenta como un mandato ineludible y quienes se aparten de él se ven expuestos a ser señalados y percibidos como anormales o amorales, dándole marco a situaciones de exclusión, discriminación, violencia o malestar en los distintos ámbitos de socialización, empezando por el núcleo familiar y pasando por los ámbitos educativos, laborales, deportivos y sanitarios, entre otros, con el pretexto de su orientación sexual e identidad de género.
Así, desde la heteronormatividad se pueden provocar situaciones de discriminación a personas LGTBI que expresen su identidad sexual o de género de manera pública, o se las condene a permanecer en el closet por percibir a su entorno como inseguro.

La presión social y cultural que ejerce el heterosexismo en demasiadas oportunidades condena a la población LGTBI a permanecer en el closet –o en el armario– para prevenir la discriminación que junto a otros tipos y formas específicas de homofobia generan daños en la salud como baja autoestima, autoexclusión y depresión, que en situaciones límites han derivado en el suicidio.

En muchos ámbitos, aún hoy, se expresa una creencia muy arraigada socialmente que ubica a la sexualidad en la órbita de la “vida privada” de las personas. Esto implicaría no hablar ni exponer aspectos cotidianos de la vida afectiva o sexual de las personas, ya que esto no revestiría ninguna importancia en la socialización de los trabajadores y trabajadoras LGTBI en sus ámbitos laborales ni en su desempeño o en los procesos de aprendizaje de los jóvenes y adolescentes sexualmente diversos. Así es común escuchar afirmaciones del tipo “lo que hagan entre cuatro paredes a mi no me importa”. Sin embargo no es muy difícil deducir que esta reflexión sólo aplica para las identidades sexuales no hegemónicas.

Así, la nominación y la visibilidad del 17 de mayo como Día Internacional contra la Discriminación por orientación sexual e identidad de género consagrado desde 1990, es hoy un importante aporte a la incorporación de la perspectiva de la diversidad afectiva, sexual y de género en los distintos ámbitos de socialización, ya sean laborales, sanitarios, educativos o sociales en general, buscando generar ámbitos propicios para el desarrollo y crecimiento, el acceso y disfrute de todos los derechos independientemente de la orientación sexual e identidad de género de cualquier persona.

Gran parte del trabajo del INADI tiene su horizonte puesto en levantar las barreras de acceso a derechos en cada caso que se presenta y trabajar de manera mancomunada con la sociedad civil y hacia adentro del Estado para que el cambio de paradigma sea efectivo. Para ello es indiscutible la importancia de seguir articulando acciones de promoción y protección de derechos para poner en práctica nuevas políticas públicas que colaboren en el desarrollo de este proceso para la sociedad toda. Ese es y sigue siendo nuestro objetivo más preciado.