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Prólogo

En el proceso de promoción y protección de los derechos humanos, la difusión y las políticas públicas inclusivas juegan un rol preponderante para el empoderamiento de los ciudadanos.
La igualdad real y de oportunidades, sumada a la igualdad legal, no estarían completas sin políticas públicas que las promocionen y las protejan.

Este texto, que fomenta el debate y la investigación, se inscribe en el camino del cambio cultural y de la preservación de derechos ciudadanos.

El conocimiento de la intersexualidad permite entonces preservar un colectivo de sujetos de derecho de procesos discriminatorios.

En nuestra anterior edición decíamos y ahora reafirmamos el poder de la palabra, que da existencia, que pone en valor y resalta la importancia de poder ser quien cada uno es -más allá de la diversidad corporal o la diversidad sexo-genérica- y la libertad de decisión y acción sobre nuestros propios cuerpos.

Hablar de intersexualidad implica reconocer la diversidad, el respeto de los derechos humanos, y la no discriminación.

Esta visibilización no puede prescindir de entender a la sexualidad como un producto de relaciones sociales y prácticas sobre las que inciden un conjunto de estereotipos y roles sociales dominantes y relegados, que no están ajenos a los procesos de estigmatización.

Por ello veremos que, si no se fomentan las discusiones, los debates y la protección para la diversidad no queda más que la reproducción no deseada del binarismo de género y la heterosexualidad como régimen político.

Dada la particular importancia de resaltar el sexo como una categoría social y no meramente biológica, el concepto de género viene a dar cuenta de una construcción cultural e histórica de lo femenino y lo masculino. En este sentido la noción de género sirvió para visualizar las relaciones sociales de apropiación/expropiación, de dominación y subordinación, es decir las relaciones sociales de poder.

El orden heteronormativo se constituye como modelo de estabilidad y civilización excluyendo y persiguiendo a la diversidad.

Las personas intersex no pueden ser cosificadas y limitadas a las estadísticas sino que deben ser reconocidas como sujetos de derecho. Esto demuestra que la primera dificultad remite a la invisibilidad.

El reconocimiento central de la variación del cuerpo respecto de la representación social femenina y masculina resulta esencial a la intersexualidad.

El debate sobre la medicalización y patologización, así como los tratamientos normalizantes, no hacen más que demostrar que esta discusión se enmarca en una construcción de dominación cultural y de hegemonía biotipológica.

El estudio de la vulnerabilidad y del cercenamiento de derechos de las personas intersexuales debe comenzar por investigar cómo se afecta su integridad física, su desarrollo y su identidad de género.

Este colectivo intersex es frecuentemente objeto de violación de sus derechos cuando son sometidos a terapias de supuesta normalización, que afectan la autodeterminación y la dignidad humana.
La legislación reconoce la identidad personal autodeterminada y elimina el diagnóstico médico. Esta temática debe tener visibilidad social y reconocimiento real igualitario y este es el camino que pretende esta publicación.

Doctor Javier Alejandro Bujan
Interventor
Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi)
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de La Nación

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